Cuando ocurre una emergencia, lo primero es ponerse a salvo, saber dónde están nuestros familiares y encontrar un lugar seguro. Pero hay una pregunta que muchas veces aparece demasiado tarde: ¿qué hacemos con nuestra mascota? Un terremoto, un incendio, una inundación o una tormenta pueden cambiar en segundos un entorno que para el animal es conocido. El ruido, el miedo y el movimiento pueden hacer que un perro o un gato se esconda, intente escapar o reaccione de una manera que normalmente no tendría.
Por eso, pensar en la mascota antes de que ocurra una emergencia puede evitar decisiones difíciles en el peor momento. No se trata de preparar un plan complicado, sino de tener claras algunas cosas básicas.
No dejarla atrás
Si es necesario evacuar, la mascota también forma parte del plan familiar. Dejarla dentro de la vivienda pensando que será posible regresar después puede ser peligroso. La emergencia puede prolongarse, la vivienda puede quedar inaccesible o el animal puede escapar y perderse.
Es importante saber quién se encargará de ella, cómo se puede sacar de la vivienda y a dónde podría llevarse si la familia no puede regresar inmediatamente. También puede ser útil contar con una persona de confianza que pueda ayudar si la emergencia ocurre cuando nadie está en casa.
Eso sí, proteger a una mascota no significa poner en riesgo la vida de las personas. Si las autoridades indican que una zona es insegura, no se debe regresar por un animal. Primero está la seguridad de quienes pueden actuar para ayudar.
Lo básico debe estar disponible
En medio de una emergencia nadie debería tener que salir corriendo a buscar alimento para su mascota. No hace falta tener una mochila sofisticada ni una lista interminable de elementos. Basta con pensar en lo que el animal necesitará durante las primeras horas o días.
Tener algo de alimento y agua disponible, los medicamentos que utilice habitualmente y su correa, collar o arnés en un lugar fácil de encontrar puede hacer la diferencia. En el caso de los gatos y otros animales que necesitan transportador, conviene saber dónde está y poder acceder a él rápidamente.
La idea es sencilla: evitar improvisar cuando todo alrededor ya es incierto.

Una mascota asustada puede comportarse diferente
Un animal tranquilo puede asustarse con un ruido fuerte, salir corriendo o esconderse en un lugar donde normalmente nunca entra. Por eso, conocer sus hábitos puede ser más importante de lo que parece. Saber dónde suele esconderse cuando tiene miedo, dónde duerme o en qué lugares podría quedar atrapado permite encontrarlo con mayor rapidez.
Durante una evacuación también es importante mantenerlo bajo control. Un perro que normalmente camina tranquilo puede escapar fácilmente cuando hay ruido, personas desconocidas y situaciones que no comprende. Lo mismo puede ocurrir con un gato que encuentra una puerta abierta y busca un lugar para esconderse.
En esos momentos, lo conocido puede cambiar en cuestión de segundos y el comportamiento del animal también.
Después de la emergencia, el peligro puede continuar
Que la emergencia haya terminado no significa que el lugar sea seguro. Después de una inundación puede haber agua contaminada; después de un incendio, objetos peligrosos; y después de un terremoto, vidrios, cables expuestos, muebles inestables u otros elementos que pueden causar lesiones.
Antes de dejar que la mascota recorra libremente la vivienda o sus alrededores, conviene revisar el lugar. También hay que prestar atención a animales desconocidos o silvestres que puedan aparecer después de una emergencia.
Durante los primeros días, mantener a la mascota cerca y bajo control puede evitar que se pierda o se exponga a nuevos peligros.
¿Y si se pierde?
Una mascota puede escapar durante una evacuación aunque nunca antes lo haya hecho. El miedo puede hacer que corra sin rumbo o busque lugares desconocidos para esconderse.
Si ocurre, la seguridad de las personas debe ser la prioridad. Cuando las condiciones sean seguras, se puede comenzar la búsqueda y avisar a vecinos, veterinarios, refugios y organizaciones de protección animal.
Tener una fotografía reciente puede ayudar a identificarla. También es importante que la información de contacto asociada a su identificación o microchip esté actualizada. De poco sirve contar con un sistema de identificación si nadie puede comunicarse con el propietario.
El miedo también puede cambiar su comportamiento
Después de una emergencia, algunas mascotas pueden estar más nerviosas, esconderse, ladrar más, dormir diferente o reaccionar de una manera poco habitual. No necesariamente significa que estén enfermas. Pueden estar respondiendo al estrés provocado por una situación extraordinaria.
Lo importante es observarlas y darles tiempo para recuperar sus rutinas. Si presentan lesiones, signos de enfermedad o cambios importantes que persisten, será necesario consultar al veterinario.
También conviene tener paciencia. El animal no entiende qué ocurrió ni por qué su entorno cambió. Para él, recuperar la tranquilidad puede tomar un tiempo.
Prepararse también es cuidar
Las emergencias no avisan y, cuando llegan, algunas decisiones deben tomarse en cuestión de minutos. Por eso, más que preparar una lista interminable de cosas, lo importante es saber qué hacer: no dejar a la mascota atrás, tener algo de alimento y agua disponibles, saber quién puede ayudar, mantenerla identificada y tener a mano lo necesario para ponerla a salvo.
No hace falta complicar la preparación. Un poco de previsión puede evitar mucho estrés cuando más se necesita actuar. Porque cuando una emergencia cambia todo en cuestión de segundos, una mascota no puede decidir por sí misma qué hacer. Depende de nosotros.

