El terremoto ya pasó, pero para muchas personas la emergencia continúa cada vez que llega un mensaje al celular.
“Va a volver a temblar”. “Dicen que viene uno más fuerte”. “Un experto predijo que será esta noche”.
Después aparecen los videos. Las mismas imágenes se repiten en televisión y redes sociales: edificios afectados, personas llorando, rescates, calles destruidas. Se ven una vez, luego otra y otra. Y aunque la persona esté físicamente a salvo, puede terminar sintiendo que el peligro sigue ocurriendo.
Después de una emergencia, no todo lo que circula informa. Algunas cosas simplemente vuelven a activar el miedo. No le crea al mensaje que “predice” el próximo terremoto
Una de las primeras cosas que aparecen después de un sismo son las supuestas predicciones. Alguien dice que habrá otro terremoto. Otro asegura saber la hora. Otro habla de una determinada magnitud o señala un lugar específico. No hay que compartir esos mensajes.
El Servicio Geológico Colombiano explica que los sismos no pueden predecirse indicando con anticipación su lugar, magnitud y momento. Después de un sismo fuerte pueden presentarse réplicas, pero eso no significa que alguien pueda saber cuándo ocurrirán ni qué características tendrán. La información sobre lo que realmente está ocurriendo debe buscarse en las entidades que tienen la responsabilidad de monitorear y atender la emergencia.
Que un mensaje llegue de un familiar, tenga miles de compartidos o parezca escrito por un experto no lo convierte en cierto. Ver las mismas imágenes también puede desgastar
Informarse es necesario. Pasar horas consumiendo noticias, no necesariamente. Los medios cumplen una función importante, pero durante una tragedia es habitual que las imágenes más impactantes aparezcan repetidamente. El mismo edificio. El mismo rescate. La misma persona contando lo que vivió. Para alguien que acaba de pasar por un terremoto, esa repetición puede resultar especialmente difícil.
Por eso, después de conocer lo necesario, apague el televisor durante un rato. Deje el celular. Hable con su familia. Salga a caminar si las condiciones lo permiten. Haga algo cotidiano.
Una cosa es estar informado. Otra es permanecer conectado al desastre todo el día.

Aquí hay una regla sencilla: no convierta las redes sociales en su centro de información durante una emergencia. Para saber qué sismos han ocurrido y conocer la información técnica correspondiente, consulte al Servicio Geológico Colombiano, que mantiene el monitoreo de la actividad sísmica del país.
Para conocer información relacionada con gestión del riesgo y atención de la emergencia, consulte la UNGRD y las autoridades territoriales. Cuando se trate de decisiones, servicios o medidas específicas, acuda también a los canales oficiales de las entidades responsables.
Y antes de reenviar cualquier mensaje, haga algo que parece obvio, pero que pocas veces hacemos: pare y pregunte de dónde salió. Si no puede comprobarlo, no lo convierta en una nueva alarma para los demás.
El miedo necesita tiempo, no más ruido
Después de un terremoto pueden aparecer miedo, ansiedad, dificultad para dormir, irritabilidad, pesadillas o una necesidad permanente de saber qué está pasando. No hay que sentirse mal por reaccionar así. Cada persona procesa una experiencia de este tipo de manera diferente.
Lo importante es recuperar poco a poco la vida cotidiana: dormir, comer, conversar, trabajar cuando sea posible y volver a las rutinas.
Con los niños, lo mejor es responder sus preguntas con claridad y sin inventar respuestas para tranquilizarlos. Con los adultos mayores también conviene evitar rumores y mantenerlos informados mediante fuentes confiables.
Si el miedo se vuelve intenso, persiste o empieza a impedir que una persona duerma, trabaje, estudie o se sienta segura, buscar ayuda profesional es una buena decisión.
El terremoto dejó daños que se pueden ver. Pero también puede dejar miedo, incluso en personas que no resultaron heridas. Por eso hay una tarea que todos podemos hacer.
No podemos decidir cuándo se moverá la tierra. Pero sí podemos decidir cuánto miedo dejamos entrar después de que deje de moverse.

