
El terremoto terminó, pero el trabajo de recuperación apenas comienza. Retirar escombros, demoler estructuras inestables, clasificar materiales y preparar los terrenos para la reconstrucción movilizará maquinaria, contratistas y trabajadores durante meses.
La evaluación rapida desarrollada después del sismo de magnitud 7,4 ocurrido el 10 de agosto de 2026 estimó más de 225.000 estructuras afectadas y 16,9 millones de metros cúbicos de escombros. Detrás de esas cifras hay concreto, ladrillo, madera, metal, vidrio, tejas, tuberías, aislantes y otros materiales que ahora forman parte de una operación de recuperación de gran escala.
El problema es que los escombros no permiten conocer a simple vista todo lo que contienen. Algunos materiales pueden generar polvo; otros pueden liberar sustancias o fibras cuando son cortados, fragmentados, triturados o manipulados. Entre ellos está el asbesto, un material que puede permanecer durante décadas en edificaciones construidas antes de su prohibición o restricción. La prevención, por tanto, empieza antes de mover una pala, poner en marcha una máquina o comenzar una demolición.
Los escombros pueden ocultar peligros que no estaban visibles
Una estructura que colapsa cambia las condiciones de los materiales que la componían. Una cubierta, una tubería o un panel que permanecían íntegros pueden terminar fragmentados y mezclados con otros residuos; durante la remoción, esa mezcla puede volver a alterarse.
El asbesto requiere especial atención. Ha sido utilizado históricamente en materiales de construcción y aislamiento, entre ellos productos de cemento, cubiertas, tuberías y otros componentes. Cuando los materiales que lo contienen se deterioran o son alterados, pueden liberarse fibras que quedan suspendidas en el aire y pueden ser inhaladas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte específicamente sobre esta situación durante la demolición, el mantenimiento y la remoción de residuos de edificaciones dañadas por desastres naturales.
El peligro está presente en el material que contiene asbesto; el riesgo para quienes intervienen los escombros aumenta cuando las condiciones de trabajo pueden liberar fibras respirables y favorecer su inhalación.
Esto cambia la forma de mirar una zona de demolición. No basta con saber que una estructura está dañada; también importa conocer qué materiales la componían y qué puede ocurrir con ellos durante la intervención.
Un escombro no es solamente un residuo de construcción; puede contener materiales que requieren identificación y manejo antes de ser removidos o transformados.
La remoción de escombros puede alterar materiales que permanecían contenidos dentro de las estructuras; identificarlos antes de intervenirlos forma parte de la prevención.
La demolición puede aumentar la liberación de fibras y polvo
El riesgo no permanece igual durante toda la recuperación. Una estructura dañada puede ser intervenida con maquinaria pesada, desmontada manualmente, cortada, perforada, fragmentada y transportada; cada actividad puede modificar las condiciones del material.
En el caso del asbesto, la manipulación de elementos que lo contienen puede liberar fibras. La guía de la OMS para la limpieza posterior a terremotos advierte que el uso de maquinaria pesada para demoler estructuras dañadas y cargar los escombros puede liberar cantidades importantes de fibras de asbesto cuando existen materiales que lo contienen.
Por eso, la identificación debe producirse antes de la intervención. Si los materiales sospechosos son triturados o mezclados con el resto de los residuos, su reconocimiento posterior puede resultar más difícil y las operaciones de manejo pueden aumentar la posibilidad de dispersión.
La misma lógica aplica a otros peligros presentes en las estructuras afectadas. El polvo generado por la demolición, la presencia de humedad y moho, los materiales cortantes, las estructuras inestables y las condiciones de tránsito de maquinaria requieren análisis específicos antes de definir cómo se desarrollará el trabajo.
La urgencia de retirar escombros no elimina la necesidad de identificar los peligros
La velocidad de la recuperación no debería llevar a intervenir materiales cuya composición y condiciones de estabilidad todavía no han sido evaluadas. La identificación previa permite definir qué controles deben aplicarse antes de comenzar la demolición, el retiro y el transporte.
El control debe comenzar antes del Equipo de Protección Personal
La jerarquía de controles resulta especialmente importante en este tipo de operaciones. Antes de depender del Equipo de Protección Personal (EPP), las empresas deben analizar si el peligro puede eliminarse, sustituirse o reducirse mediante controles de ingeniería y medidas administrativas.
En una estructura que puede contener asbesto, esto puede significar identificar previamente los materiales, restringir el acceso al área, definir métodos de trabajo que reduzcan su alteración, controlar la generación de polvo, separar los residuos y establecer procedimientos específicos para su almacenamiento y transporte.
El EPP cumple una función importante frente al riesgo residual, pero no reemplaza esas medidas. La OMS recomienda identificar la ubicación de los materiales que contienen asbesto, minimizar su alteración, reducir la liberación de fibras, limitar el contacto, separar los residuos y asegurar una disposición adecuada. La protección respiratoria y los demás elementos definidos para la tarea forman parte de esa última barrera; no deberían ser el punto de partida de la estrategia de control.
El daño puede aparecer mucho después de la reconstrucción
Uno de los problemas del asbesto es que sus consecuencias sobre la salud no necesariamente aparecen durante la actividad en la que ocurrió la exposición. La inhalación de fibras está asociada con enfermedades graves, entre ellas asbestosis, cáncer de pulmón y mesotelioma; la OMS también reconoce su relación con cáncer de laringe y ovario. Estas enfermedades pueden presentar períodos de latencia prolongados.
Por eso, una persona puede terminar una jornada de limpieza o demolición sin presentar síntomas y, aun así, haber estado expuesta. La ausencia de una manifestación inmediata no permite concluir que la condición de trabajo haya sido segura.
Esto también cambia la manera de investigar y documentar las actividades de recuperación. No basta con registrar qué maquinaria fue utilizada o cuántos metros cúbicos de material fueron retirados; también importa establecer qué materiales estaban presentes, cómo fueron intervenidos, qué controles se aplicaron y quiénes participaron en esas labores.
Cuando las consecuencias pueden aparecer años después, la prevención depende en buena medida de las decisiones tomadas antes y durante la intervención.
Que una persona termine la jornada sin síntomas no significa que la exposición haya sido inexistente ni que sus consecuencias puedan evaluarse en ese momento.
No todos los escombros deben manejarse de la misma manera
La recuperación posterior a un terremoto reúne actividades muy diferentes. Demoler una estructura, retirar manualmente residuos, cargar materiales, transportarlos o procesarlos nuevamente no genera las mismas condiciones de trabajo.
Por eso, tampoco debería existir un único método para manejar todos los escombros. La identificación de materiales peligrosos permite establecer cuáles deben separarse, cómo deben manipularse y qué condiciones deben mantenerse durante el almacenamiento, transporte y disposición.
En Colombia, por ejemplo, los residuos de asbesto están clasificados como residuos peligrosos y su gestión debe realizarse conforme a las disposiciones aplicables para este tipo de residuos.
El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible también mantiene una guía específica para la gestión ambiental de residuos de asbesto.
La clasificación y gestión adecuada de estos materiales no es un asunto separado de la seguridad de quienes trabajan en la recuperación. Forma parte de las condiciones que deben definirse antes de que los residuos entren en las etapas de almacenamiento, transporte y disposición.
Reconstruir también significa saber qué se está removiendo
La recuperación de las zonas afectadas requerirá una operación de gran escala. Habrá maquinaria, trabajadores, contratistas, transporte y grandes volúmenes de residuos; precisamente por eso, la identificación de peligros no puede quedar para después de iniciar las actividades.
Los escombros contienen la historia material de las estructuras que colapsaron: concreto, ladrillo, metal, madera, vidrio y otros componentes que pueden requerir tratamientos diferentes. Algunos peligros son evidentes; otros permanecen ocultos hasta que el material es cortado, roto o desplazado.
En el caso del asbesto, la diferencia está en intervenir antes de que el material sea alterado sin control. Identificarlo, definir los métodos de trabajo, separar los residuos y aplicar la jerarquía de controles permite reducir la posibilidad de que la recuperación genere una nueva fuente de exposición.
La emergencia visible termina cuando se retiran los restos de las estructuras destruidas. La gestión preventiva continúa mientras esos materiales se identifican, se manipulan, se transportan y se disponen.
REFERENCIAS
- Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) / Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). Evaluación RAPIDA del terremoto en Colombia. 28 de agosto de 2026. Datos sobre estructuras afectadas y volumen estimado de escombros.
- Organización Mundial de la Salud (OMS). Asbestos: hazards and safe practices for clean up after earthquake. Nota técnica sobre identificación, manipulación, control y disposición de materiales con asbesto después de terremotos.
- Organización Mundial de la Salud (OMS). Asbestos. Información actualizada sobre enfermedades relacionadas con la exposición al asbesto y prevención de la exposición.
- Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia.

