La nueva circular del PESV no crea una obligación nueva: obliga a ver lo que siempre ha estado ahí
En muchas empresas el trabajo no comienza cuando alguien marca ingreso o se sienta frente a un computador. Empieza cuando un vehículo sale a entregar mercancía, cuando un técnico cruza la ciudad para atender un servicio o cuando un trabajador se desplaza para cumplir una tarea. Ese movimiento hace parte del trabajo, aunque durante años no se haya entendido así.
La Circular 0034 de 2026 del Ministerio del Trabajo pone la atención justamente en ese punto que parecía obvio pero no se gestionaba: todo lo que ocurre en la calle también hace parte de la actividad laboral . Y al reconocerlo, cambia la forma en que muchas empresas deben entender su propia realidad. Cuando moverse deja de ser rutina y se vuelve un tema de gestión. Durante mucho tiempo el Plan Estratégico de Seguridad Vial (PESV) se asoció casi exclusivamente con empresas de transporte. Para el resto, era un tema lejano, algo que no aplicaba directamente. Sin embargo, esa idea se fue quedando corta frente a cómo funcionan realmente las organizaciones.
Hoy, casi cualquier empresa necesita vehículos para entregar, supervisar, instalar, atender o desplazarse. No es un complemento, es parte de cómo se logra el resultado. Y en ese contexto aparece un elemento que siempre ha estado presente: el peligro asociado al tránsito, a las condiciones de la vía, al comportamiento de otros actores y a las propias decisiones internas. Ese peligro existe independientemente de que se reconozca o no. La diferencia es que, cuando no se gestiona, se transforma en riesgo, es decir, en la posibilidad real de que ocurra un evento con consecuencias. Ahí es donde la circular introduce un cambio de fondo al incluir a las empresas de misionalidad 2, aquellas que no transportan como actividad principal pero dependen de los desplazamientos para desarrollar su trabajo . No se trata de una categoría más, sino de una forma más honesta de describir cómo funcionan las empresas.
El problema no empieza en la vía. Uno de los puntos más importantes no está en lo que ocurre en la carretera, sino en lo que pasa antes de salir a ella. Muchas veces los accidentes no se explican solo por factores externos, sino por decisiones internas que terminan empujando a las personas a condiciones más expuestas. Tiempos de entrega ajustados, presión por cumplir rutas, jornadas extensas o falta de control sobre terceros son situaciones que no siempre se relacionan directamente con la seguridad vial, pero que influyen de forma directa en lo que termina ocurriendo afuera. Por eso, la circular insiste en algo que cambia el enfoque: el PESV no puede verse como un documento aislado, tiene que integrarse con el sistema de seguridad y salud en el trabajo. No es un tema del conductor, es un tema de cómo la empresa organiza su actividad. Cuando eso no se revisa, el peligro sigue presente y el riesgo crece sin que nadie lo esté mirando realmente.
De hacer actividades a entender lo que está pasando. Otro cambio importante es la exigencia de reportar la autogestión del PESV con base en resultados. Esto implica pasar de “hacer cosas” a demostrar qué efecto tienen esas acciones en la realidad de la empresa. Aquí es donde muchas organizaciones se encuentran con una dificultad: han implementado capacitaciones, protocolos y controles, pero no necesariamente tienen claridad sobre dónde están sus puntos críticos o por qué siguen ocurriendo incidentes. El reto no está en tener información, sino en saber interpretarla, en entender qué está pasando realmente en la calle, qué patrones se repiten y cómo ciertas decisiones terminan aumentando la probabilidad de que ocurra un siniestro vial.
Los plazos exigen algo más que cumplimiento. El calendario definido por la circular establece fechas concretas para el reporte, como el plazo hasta el 30 de mayo de 2026 para el periodo 2025 y luego cortes anuales antes del 31 de enero. Sin embargo, quedarse en la fecha es perder de vista lo importante. Lo que realmente exige es continuidad. Seguimiento durante todo el año, no solo al final. Coherencia entre lo que se planea y lo que realmente ocurre en la calle. Esto obliga a que la gestión deje de ser reactiva y empiece a estar conectada con el día a día, con decisiones que respondan a lo que está pasando en tiempo real.
Entender el cambio es lo que marca la diferencia. Muchas empresas van a cumplir con lo que exige la circular, tendrán el documento, presentarán el reporte y ajustarán procesos, pero el punto no está ahí, porque sin una comprensión real de lo que ocurre en la calle, nada de eso asegura que el riesgo esté verdaderamente controlado. La diferencia está en cómo se interpreta el cambio. Si se ve como un requisito más, el impacto será mínimo. Si se entiende como una oportunidad para mirar la actividad real —vehículos, desplazamientos, condiciones de trabajo en la calle— entonces el enfoque cambia por completo. Porque cada trayecto hace parte del trabajo, aunque no ocurra dentro de la empresa. Y cada decisión que se toma antes de salir a la vía tiene un efecto directo en lo que puede pasar después.
La circular no crea ese escenario. Solo lo pone en evidencia. Y a partir de ahí, ya no es posible seguir mirándolo como algo ajeno.
Referencias:
• Ministerio del Trabajo. Circular 0034 de 2026 – Procedimiento para el reporte de autogestión del PESV.
• Resolución 0312 de 2019.
• Ley 1503 de 2011 y sus modificaciones.
• Ley 2050 de 2020.
• Ministerio de Transporte – Metodología PESV.
Le recomendamos acceder a la Circular No. 0034 de 2026 del Ministerio del Trabajo completa, estudiarla y ajustar sus procesos internos. ![]()

