Un reciente estudio demostró que un simple rayón en la superficie de una sartén antiadherente es suficiente para liberar miles —e incluso millones— de diminutas partículas de plástico. Esas marcas que parecen inofensivas podrían estar contaminando tu comida cada vez que cocinas.
¿Qué descubrieron los investigadores? Cuando una sartén con recubrimiento antiadherente sufre un solo arañazo, se pueden desprender miles de partículas de plástico. Con métodos avanzados de análisis se estimó que ese rayón puede liberar desde unos pocos miles hasta millones de microplásticos y nanoplásticos, imperceptibles a simple vista. Y lo más sorprendente es que esta liberación puede ocurrir con actividades tan comunes como remover los alimentos, voltearlos o lavar la sartén.
También se evidenció que el desgaste progresivo de estas superficies hace que las partículas se desprendan constantemente. Incluso si la sartén parece “solo un poco usada”, su superficie podría estar generando pequeñas porciones de plástico que terminan mezclándose con los alimentos, especialmente cuando la temperatura es alta.
¿Por qué es un tema preocupante? El antiadherente suele estar hecho de polímeros diseñados para resistir el calor, pero estos no están pensados para ser ingeridos. Aunque aún se estudia su impacto exacto en la salud, se sabe que las partículas más pequeñas podrían ingresar fácilmente al organismo. Por eso los científicos recomiendan tratar estas superficies con cuidado y reemplazarlas cuando muestren señales de desgaste.
Además, a diferencia de otros materiales, los plásticos liberados no se degradan rápidamente. Con el uso constante, la exposición puede acumularse sin que las personas lo noten. Esto abre la puerta a preguntas sobre los posibles efectos a largo plazo y la necesidad de hábitos más seguros en la cocina.
¿Qué sugieren los expertos? Para minimizar riesgos, recomiendan no utilizar utensilios metálicos que puedan rayar la superficie y evitar esponjas abrasivas al lavar. Cuando la sartén muestre marcas visibles, lo ideal es reemplazarla. También vale la pena considerar opciones alternativas como acero inoxidable, hierro fundido o cerámica, materiales más duraderos y menos propensos a desprender partículas.
En definitiva, lo que antes se veía como simple desgaste ahora se entiende como un posible foco de contaminación invisible. Y aunque falta mucho por investigar, cada vez más usuarios están replanteando el tipo de utensilios que usan en su cocina diaria.

