Frases

  • Sigue las instrucciones y cumple las normas. Si no las conoces pregunta. No improvises.
  • Presta atención al trabajo que realizas. La prisa es el mejor aliado del accidente.
  • Actuar de forma segura en todas las actividades de la vida debe constituirse en hábito.

Domando el dragón invisible: cómo gestionar el riesgo eléctrico en seguridad y salud en el trabajo

sgsst-risk-riesgo-electrico-retie-safety-work-hse-electrico.jpg

 

Por. Fabrielo Jiménez Bolívar - HSEQ Senior Consultant

Todos los días, en miles de lugares de trabajo en Latinoamérica, hay un peligro presente que nadie puede ver.

  • No hace ruido.
  • No tiene olor.
  • No genera señales de advertencia evidentes.

Sin embargo, está ahí: en un tablero eléctrico, en un motor industrial, en un cable aparentemente inofensivo o en una instalación mal intervenida.

La electricidad es uno de los pilares del desarrollo moderno, pero también uno de los riesgos laborales más silenciosos y potencialmente devastadores del entorno laboral. Cuando algo falla, el resultado puede ser inmediato. Un segundo de contacto puede alterar el ritmo del corazón, paralizar el sistema respiratorio o provocar quemaduras irreversibles.

Por eso, para quienes trabajamos en seguridad y salud en el trabajo, comprender el riesgo eléctrico no es únicamente una cuestión técnica ni una exigencia normativa. Es una responsabilidad que puede marcar la diferencia entre una jornada laboral normal y una tragedia. En un entorno industrial cada vez más electrificado —marcado por la automatización, las energías renovables y los sistemas inteligentes— el desafío no consiste solo en usar la electricidad, sino en convivir con ella de forma segura. Dominar ese desafío es, en esencia, aprender a mantener bajo control al dragón invisible que habita en cada instalación eléctrica.

La electricidad no da segundas oportunidades: cuando el cuerpo humano entra en el circuito, el tiempo de reacción se mide en milisegundos.

Cuando la electricidad encuentra un camino. La electricidad se comporta de acuerdo con principios físicos relativamente simples, pero sus efectos pueden ser devastadores cuando esos principios se ignoran. La corriente eléctrica fluye cuando existe una diferencia de potencial y un camino conductor que permita el movimiento de electrones. Este fenómeno se describe mediante la conocida Ley de Ohm (V = I × R), que establece la relación entre voltaje, corriente y resistencia dentro de un circuito.

En términos prácticos, esto significa que cuando una persona entra en contacto con un conductor energizado y existe una conexión hacia tierra o hacia otro punto de potencial diferente, su cuerpo puede convertirse en parte del circuito eléctrico. En ese momento, la corriente comienza a atravesar tejidos, nervios y órganos vitales.

Las condiciones del entorno influyen de manera significativa en este fenómeno. La humedad, el sudor, las superficies metálicas o el uso de herramientas conductoras pueden reducir la resistencia del cuerpo y facilitar el paso de la corriente. Esto explica por qué muchos accidentes eléctricos ocurren incluso en entornos aparentemente controlados, donde el peligro no es percibido hasta que el contacto ya se ha producido.

En los últimos años, además, el panorama energético ha comenzado a transformarse. Tradicionalmente, la mayoría de las instalaciones industriales han operado con corriente alterna (AC), que domina las redes de distribución eléctrica. Sin embargo, el crecimiento de las energías renovables, los sistemas de almacenamiento energético y la movilidad eléctrica está aumentando la presencia de corriente directa (DC) en numerosos entornos laborales. Este cambio tecnológico introduce nuevos desafíos para la seguridad eléctrica y exige que los profesionales de prevención actualicen constantemente sus conocimientos.

Cuando el cuerpo humano se convierte en parte del circuito.  Desde el punto de vista eléctrico, el cuerpo humano es un conductor relativamente eficiente debido a su alto contenido de agua y sales minerales. Cuando la corriente atraviesa el organismo, puede interferir con los impulsos eléctricos naturales del sistema nervioso y del corazón, provocando efectos que van desde contracciones musculares involuntarias hasta alteraciones cardíacas graves.

Incluso corrientes muy pequeñas pueden generar consecuencias significativas. Un flujo eléctrico apenas perceptible puede producir hormigueo o espasmos musculares, mientras que corrientes ligeramente mayores pueden impedir que la persona suelte el conductor energizado. A medida que la intensidad aumenta, los efectos pueden volverse dramáticos, incluyendo paro respiratorio o fibrilación ventricular.

La gravedad de un accidente eléctrico no depende únicamente de la intensidad de la corriente. Factores como el tiempo de contacto, la resistencia de la piel, las condiciones ambientales y, especialmente, la trayectoria de la corriente a través del cuerpo influye de forma decisiva en el resultado del evento. Cuando la corriente atraviesa el tórax y alcanza el corazón, el riesgo de muerte aumenta considerablemente.

En seguridad eléctrica, la diferencia entre una operación normal y una tragedia suele ser un procedimiento que alguien decidió omitir.

Más allá del cumplimiento normativo. La prevención del riesgo eléctrico no puede limitarse al cumplimiento formal de procedimientos o a la simple utilización de equipos de protección personal. En realidad, requiere una estrategia integral que combine controles de ingeniería, procedimientos operativos seguros y una cultura preventiva sólida dentro de las organizaciones.

Uno de los principios fundamentales consiste en asegurar que toda intervención en instalaciones eléctricas se realice bajo condiciones completamente controladas. Esto implica garantizar la desconexión de las fuentes de energía, verificar la ausencia de tensión antes de iniciar cualquier trabajo y establecer mecanismos que impidan la energización accidental de los equipos mientras los trabajadores se encuentran expuestos.

En este contexto, los programas de bloqueo y etiquetado de energías peligrosas (LOTO) se han consolidado como una de las herramientas más efectivas para prevenir accidentes eléctricos. Aunque a simple vista puedan parecer simples dispositivos de control administrativo, en realidad representan una barrera crítica que evita que una máquina o sistema vuelva a energizarse mientras alguien está realizando tareas de mantenimiento o reparación.

Otro elemento fundamental es el diseño adecuado de los sistemas de puesta a tierra. Estos sistemas permiten que la corriente eléctrica encuentre un camino seguro hacia el suelo en caso de fallas o descargas, reduciendo significativamente la probabilidad de que la energía atraviese el cuerpo de una persona.

Los elementos de protección personal dieléctricos, como guantes aislantes, botas especiales o herramientas certificadas, también desempeñan un papel importante dentro del sistema de control del riesgo. Sin embargo, es importante recordar que estos equipos representan la última línea de defensa y nunca deben sustituir los controles técnicos o los procedimientos seguros de trabajo.

Cuando ocurre un accidente eléctrico.  A pesar de todas las medidas preventivas, los accidentes eléctricos pueden ocurrir. Cuando esto sucede, la rapidez y la precisión de la respuesta pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

La primera acción debe ser eliminar o aislar la fuente de energía para evitar que otras personas resulten afectadas. Bajo ninguna circunstancia se debe tocar directamente a una víctima que aún esté en contacto con una fuente energizada, ya que quien intente ayudar podría convertirse también en parte del circuito eléctrico. En estos casos es fundamental utilizar objetos aislantes que permitan separar a la persona de la corriente de manera segura.

Una vez controlada la fuente de energía, se debe activar inmediatamente el sistema de emergencias y evaluar el estado de la víctima. Si la persona no respira o no presenta pulso, la aplicación inmediata de reanimación cardiopulmonar (RCP) puede ser determinante para mantenerla con vida hasta la llegada de los servicios médicos.

La electricidad es invisible, pero sus consecuencias no lo son. Por eso la prevención debe adelantarse siempre al accidente.

Un riesgo que seguirá presente. A medida que la industria avanza hacia sistemas cada vez más electrificados, el riesgo eléctrico continuará siendo uno de los desafíos más importantes para la seguridad laboral. Automatización, energías renovables, electrificación del transporte y sistemas inteligentes están ampliando la presencia de la electricidad en prácticamente todos los sectores productivos.

En este escenario, el rol del profesional de seguridad y salud en el trabajo adquiere una relevancia estratégica. Más que supervisar el cumplimiento de normas, el prevencionista se convierte en un actor clave para anticipar peligros, fortalecer la cultura preventiva y garantizar que las operaciones se desarrollen bajo condiciones seguras.

La electricidad puede ser invisible, pero sus consecuencias no lo son. Comprender sus riesgos y gestionarlos con rigor técnico es la única forma de mantener bajo control al dragón invisible que habita en cada instalación eléctrica.

Porque, al final, la esencia de la prevención sigue siendo la misma en cualquier país de Latinoamérica: garantizar que cada trabajador pueda regresar sano y salvo a casa.

Referencias
•    Ministerio de Minas y Energía de Colombia. Reglamento Técnico de Instalaciones Eléctricas (RETIE).
•    Ministerio del Trabajo de Colombia. Decreto 1072 de 2015 – Sistema de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo.
•    NFPA. NFPA 70E – Standard for Electrical Safety in the Workplace.
•    OSHA. Electrical Safety Standards – 29 CFR 1910 Subpart S.
•    IEC – International Electrotechnical Commission. Electrical Safety Principles and Protective Measures.