Frases

  • Sigue las instrucciones y cumple las normas. Si no las conoces pregunta. No improvises.
  • Presta atención al trabajo que realizas. La prisa es el mejor aliado del accidente.
  • Actuar de forma segura en todas las actividades de la vida debe constituirse en hábito.

Sociedad sin valores: cuando un video viral vale más que una vida humana

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Las llamas crecieron dentro de una discoteca mientras decenas de celulares apuntaban al caos, no a las salidas. A comienzos de este año, en Suiza, varias personas murieron grabando lo que terminó siendo su propio final en un bar incendiado. En Colombia, un fuego en una discoteca dejó múltiples heridos por inhalación de humo, mientras en redes sociales proliferaban comentarios como: “tocó cambiar de sitio, la fiesta se prendió en enero”.
 
No se trata de hechos aislados. Son síntomas de una sociedad que ha desplazado el valor fundamental de la vida humana. Hoy, un video capaz de sumar “likes” parece importar más que personas asfixiándose. La cultura digital ha ido reemplazando la empatía por contenido efímero. Esta reflexión busca desnudar cómo llegamos hasta aquí y, sobre todo, cómo revertir esta deriva moral antes de que siga cobrando vidas en trabajos, eventos o espacios públicos.
 
La idolatría digital: cuando el like sustituye la compasión. Vivimos en una era donde lo que no se graba, no existe. El cerebro, bombardeado constantemente por la dopamina de notificaciones y reacciones, prioriza registrar imágenes antes que responder a un peligro real. En Suiza, testigos filmaban cómo el humo invadía el local mientras sus propios pulmones se llenaban de toxinas. Los psicólogos llaman a esto desensibilización por exposición: tanta tragedia en pantallas termina por anestesiarnos frente al peligro verdadero. Un incendio no es “contenido”; es muerte inminente. Sin embargo, para muchos, obtener un video viral con algunos “likes” parece más urgente que coordinar una evacuación. Así, las emergencias se convierten en espectáculos y los espectadores, en víctimas.
 
La pregunta incomoda, pero es necesaria: ¿cuántas vidas se pierden porque un celular pesa más que la cordura?
 
Comentarios que matan: la normalización de la tragedia. En Colombia, mientras personas luchaban por respirar, abundaban mensajes como “la fiesta no para” o “otro local, misma vibra”. Esta ligereza revela una sociedad cada vez más desconectada del sufrimiento humano. 
 
Se trata de una disonancia moral: minimizar el dolor ajeno protege nuestra burbuja de entretenimiento. No empatizamos porque no vemos personas, vemos píxeles. Esta lógica se replica también en entornos laborales: alarmas que se ignoran porque “siempre son falsas”, salidas bloqueadas porque “nadie dice nada”. La cultura digital amplifica esta conducta: tragedia más comentario sarcástico equivale a validación social. Pero cada “like” a la indiferencia erosiona el valor intrínseco de la vida.
 
Una sociedad huérfana de valores fundamentales. Hemos reemplazado pilares éticos por algoritmos. Antes, un incendio unía a las comunidades en duelo y prevención; hoy, genera tendencias y memes. Valores como la solidaridad, la prudencia y el respeto por la vida se diluyen en desplazamientos infinitos de pantalla.
 
Los incendios en Suiza y Colombia expusieron esta orfandad moral:
 
• Negación colectiva: “Si todos graban, no debe ser tan grave”.
• Espectacularización: el caos se transforma en un “momento épico”.
• Minimización posterior: “pasó, pero la vida sigue igual”.
 
Esta mentalidad también permea las organizaciones: trabajadores que priorizan selfies sobre extintores y equipos que normalizan riesgos porque “nunca ha pasado nada”. La psicología es clara: sin valores firmes, el instinto falla ante lo impredecible.
 
El cerebro secuestrado por lo digital. Desde la neurociencia, se sabe que las redes sociales reconfiguran nuestras respuestas al estrés. La adrenalina, que debería activar la huida o la protección, se desvía hacia el impulso de grabar y viralizar. En situaciones críticas, el córtex prefrontal —encargado de las decisiones racionales— queda eclipsado por un sistema límbico hiperestimulado por la expectativa de validación social.
 
En Suiza, muchos quedaron paralizados documentando el desastre. En Colombia, la fiesta continuó porque el fuego “no era parte del contenido”. Esta adicción digital no solo distrae: anestesia la empatía básica.
 
Las consecuencias son tangibles: evacuaciones más lentas, congestiones fatales y supervivencia sacrificada por almacenamiento en la nube.
 
Recuperar valores: entrenar la cordura humana. La sociedad no está condenada. Desde la psicología conductual existen caminos para desintoxicar esta cultura:
 
• Protocolos anti-digitales: en simulacros, prohibir el uso de celulares. El mensaje debe ser claro: bolsillo primero, salida después.
• Reconexión emocional: contar historias reales, no solo cifras. Humanizar el riesgo.
• Liderazgo contracultural: líderes que actúen con calma y decisión, no que graben. “Yo salgo primero, tú detrás”.
• Educación en valores: talleres que cuestionen prioridades: ¿vale más tu vida o cien “likes”?
• Pausas digitales: espacios sin señal y entrenamientos analógicos para reconectar con los instintos básicos.
 
Estas acciones no solo previenen tragedias; restauran la dignidad colectiva.
 
Responsabilidad organizacional en tiempos digitales. Las empresas tienen un rol clave para contrarrestar esta marea. Las organizaciones responsables implementan:
 
• Auditorías culturales: ¿se trivializan los riesgos?, ¿se graban las emergencias?
• Capacitación inmersiva: simulaciones donde filmar implica fracasar.
• Políticas claras: ante una alarma, celulares apagados; la prioridad son las personas.
• Indicadores humanos: evaluar actitudes y decisiones, no solo tiempos de respuesta.
 
Una organización que valora vidas por encima de visualizaciones construye resiliencia real.
 
Despertar colectivo: la vida por encima de los píxeles. Los incendios de Suiza y Colombia nos enfrentan a una verdad incómoda: hemos convertido la vida en contenido desechable. Videos que acumulan visualizaciones mientras los pulmones colapsan; comentarios que ríen ante el humo ajeno. Una sociedad huérfana de valores prioriza lo viral sobre lo vital.
 
El cambio empieza en decisiones simples y urgentes: guardar el teléfono, mirar al otro, actuar con sensatez. En el trabajo, en la fiesta o en la calle, recuperar el valor supremo de la vida humana no es nostalgia moral: es una cuestión de supervivencia.